Las chances de Uruguay en las eliminatorias 2014, luego de Venezuela


Como a muchos, cada vez que veo a Uruguay en estas condiciones agónicas para clasificar a lo que sea me revive las decenas de situaciones similares. Cuando faltan cinco minutos y vamos ganando uno a cero un partido que no podemos empatar, una catarata de recuerdos donde yo me encuentro sufriendo con padres, hermanos y amigos, me atraviesan la mente y el corazón.

 

El 27 de marzo pasado publicamos un artículo donde pretendimos analizar minuciosamente las chances de Uruguay en las eliminatorias para el mundial 2014. Quienes lo hayan leído recordarán que los principales ejes eran aceptar que vamos por el quinto puesto, que para eso se necesitan 24 puntos, que era muy difícil, pero que para los demás también lo era.

 

Ahora lo que cabe preguntarse es cómo están esas chances luego de disputado el partido a Venezuela, continuando aquella línea argumental.

 

A continuación pasamos y actualizamos donde corresponde las afirmaciones de entonces.

 

1) Los puntos que tenemos y que quedan.

Tenemos 16 puntos, y quedan 4 partidos -12 puntos- por disputar.

Es una observación empírica, no necesita mayor argumentación.

2) Precisamos 24 puntos o más para clasificar.

En las eliminatorias sudamericanas jugadas todos contra todos como se hace desde 1998, el 24 es un número a tener como referencia a la hora de evaluar si una selección puede clasificar.

Con menos de esa cantidad de puntos, no es posible salir quintos.

De hecho, salimos quintos en la Eliminatoria 2010 con 24 puntos, en las restantes no alcanzaba. Recapitulemos:

- En 2006 salimos quintos con 25 puntos contra 24 de Colombia. De haber tenido 24 hubiéramos quedado eliminados por diferencia de goles.

- En 2002 salimos quintos empatando en 27 puntos con Ecuador, y clasificamos al repechaje por diferencia de goles.

- En 1998 quedamos eliminados, el quinto fue Perú con 25 (eliminado pues no había repechaje).

En conclusión, con menos de 24 puntos tenemos que olvidarnos de clasificar.

Un detalle interesante y que aporta al análisis, es pensar qué fundamento tiene esto de los 24 puntos. Este “número bisagra” es el resultado de multiplicar 8 por 3, lo que equivale en esta eliminatoria a ganar todos los partidos de local y perder todos los partidos de visitante. Partido que se pierde de local, se debe compensar ganando de visitante, para al menos mantener el foco en los 24 puntos.

Dicho de otra forma, una selección que gane todos los partidos de local y saque algún puntito de visitante, tiene grandes chances de quedar entre los cinco y lograr al menos pasar al repechaje.

Podríamos agregar al análisis algunas restricciones derivadas del hecho de que hay selecciones a las que es muy difícil ganarles aún como locales, como Argentina en este caso (Brasil no está), pero dejémoslo así. Optamos por despreciar ese factor, para simplificar el análisis. A la selección Argentina, de los rivales directos de Uruguay  le queda solamente jugar con Venezuela, como veremos.

3) De los puntos que quedan tenemos que ganar 8 como mínimo.

Eso es porque necesitamos un mínimo de 24 y tenemos 16, 24-16=8.

4) Todavía dependemos de nosotros mismos.

Tenemos más puntos por disputar (12) que los que precisamos (8) para llegar al número bisagra (24).

De todas formas, pensando en superar el número bisagra, si ganáramos todos los partidos que quedan,  llegaríamos a 28 puntos, y con ellos, si no clasificamos directamente, llegamos seguramente al quinto puesto.

Por eso este análisis prescinde mientras puede de resultados de partidos entre otras selecciones. También supone cuando es necesario suponer, el peor escenario para Uruguay en esos partidos.

5) El quinto es nuestro lugar natural.

El repechaje que se incorporó a partir de las eliminatorias del 2002, parece haber sido inventado para Uruguay. Es el único país sudamericano que lo ha jugado desde que existe, con suerte diversa: ganamos y perdimos con Australia en el 2002 y 2006 respectivamente, le ganamos a Costa Rica en 2010.

De llegar otra vez, nos cruzamos con el representante de la zona Asia, y perfectamente podríamos jugar con Australia nuevamente. También están Omán, Irán, Irak con chances ciertas de quedar en la zona de repechaje, entre otros.

Pensar cuál puede ser nuestro eventual rival para el repechaje a jugarse los días 15 y 19 del próximo noviembre, ayuda a hacerse la idea de que se apunta a eso.

6) Escenarios posibles para lo que resta jugar.

Quedan 4 partidos: con Perú y Ecuador de visitantes, con Colombia y Argentina de locales. 12 puntos en disputa. A continuación vemos los tres escenarios posibles para clasificar, en función de los puntos que se lograrían para estar en ellos.

  • Escenario 12 puntos.

Ganamos todos los partidos, llegamos a 28 puntos. Una fiesta, clásico rioplatense incluído. Clasificamos muy probablemente en forma directa. Uruguay, Uruguay. Brasil tiembla.

  • Escenario 10 puntos.

Ganamos tres partidos, empatamos uno.

El hincha opina que lo más probable en este escenario sería empatar con Argentina, y ganar los otros tres. A Colombia que ya nos ganó 4-0 allá, ahora jugando como locales, y a los otros dos de visitantes, de los cuales a Ecuador no les ganamos como locales. El otro es Perú, el próximo partido.

  • Escenario 9 puntos.

Ganamos tres partidos, perdemos uno.

En tren de perder, el hincha opina que lo mejor es que sea con Argentina. Gracias a la selección hemos sabido aceptar que es mejor perder un clásico que no clasificar. Los demás son todos rivales que compiten directamente con nosotros por el preciado quinto puesto, y en particular Perú, nuestros próximo partido. Le ganaríamos a Colombia de locales, y también a Ecuador como visitantes, repitiendo el plato de las eliminatorias de 1970, 1974, 1986, 1994 y 2010. El hincha piensa que la historia pesa.

  • Escenario 8 puntos.

De los escenarios posibles y que nos permiten clasificar, es el escenario más probable. Aún así es harto difícil. Sin embargo, tiene a favor de que también es harto difícil para los rivales directos Venezuela, Perú y Chile, pues también ellos tendrían que tener desempeños similares para llegar al número bisagra. Y además, lo de siempre: se cruzan entre ellos.

Con Chile ya jugamos los dos partidos. Habiéndole ganado a Venezuela necesitaríamos ganarle nuestro próximo partido a Perú el 6/9 para despejar la tabla. Ecuador y Colombia serían intercambiables, tendríamos que ganarle a uno y empatar con el otro, por lo menos. Con Argentina empataríamos.

Estos resultados nos colocarían en la bisagra de los 24 puntos, en la que podríamos quedar eliminados si se dan algunos resultados que también muy difícilmente se den. Si Perú pierde con Uruguay como estamos suponiendo, esto haría que Perú llegue a lo sumo a 23 puntos si le gana a Colombia y a Argentina como visitante. Otra alternativa es que Venezuela también gane sus restantes cuatro partidos (con Chile de visitante, con Perú y Paraguay de local) luego de haber empatado con Bolivia y luego perdido con Uruguay el 11/6/2013, colocándose con 25 puntos.

En este caso, sería muy conveniente para Uruguay que Venezuela no saque más de un empate con Chile el partido en Santiago el 6/9/2013, pues lo colocaría con 23 puntos, eliminado, con un punto menos que Uruguay. En este escenario de Uruguay logrando 8 puntos, si Venezuela gana los tres partidos nos elimina. En ningún caso aprovecharíamos la diferencia de goles, pues con Venezuela definiríamos siempre por puntos.

Las chances de Uruguay en las eliminatorias Brasil 2014


Escrito por Gabriel.

Voy a incursionar en un género que aunque considerado muchas veces de segunda categoría, fue el que me llevó desde muy chico a consumir gran cantidad de diarios y revistas. Mi pasión por el fútbol -siempre estaré agradecido al dios que corresponda de su existencia- me ha dado enorme cantidad de experiencias de vida. También hizo que cuando era un niño consumiera toda la “prensa deportiva” sobre fútbol que pudiera conseguir, y que no era poca: dos revistas argentinas como El Gráfico y Goles, la revista uruguaya Sport Ilustrado, y todos los diarios de Montevideo de entonces: el Diario, Mundocolor, El Día, La Mañana, El País. En la infancia uno tiene mucho tiempo libre, y curiosamente gracias al fútbol yo dedicaba no menos de dos horas por día a la lectura.

Me pregunto qué ha tenido que pasar para que se produzca esta incursión en el fútbol, un tema sobre el que prácticamente no hemos escrito en El Cíclope. Identifico dos razones principales.

La primera, una vez más estamos en una situación comprometida para clasificar al próximo mundial. Estas condiciones tan familiares para nosotros, e increíblemente tan desconocidas para los niños de hoy, habituados a una selección uruguaya con estrellas de primer nivel, y que se entrevera entre los grandes del mundo. Pero la selección uruguaya está rápidamente recuperando el nivel de los treinta y siete años anteriores a este oasis de los últimos tres años.

La segunda es que, justamente, existió este oasis. Su sola existencia demuestra en los hechos que es posible para Uruguay jugar bien y ganar. Aún cuando en todo momento traté en un esfuerzo muy racional de tomar conciencia de las circunstancias únicas por las que atravesaba la exitosa selección de Tabarez, de disfrutar como nunca el momento en que habíamos pasado a la semifinal en el mundial en la certeza de que no va a volver a ocurrir nunca más, es cierto también que el hincha es profundamente irracional. Siempre cree en el fondo que se puede ser campeón. Y pienso como hincha que si clasificáramos para el mundial, podríamos pelear el título en Brasil 2014. Porque Maracaná existió, porque esta es una selección de buenos jugadores, y porque no sería la primera vez que una selección clasifica como última y pelea el título (por ejemplo, Argentina 1986), o queda entre los cuatro primeros (por ejemplo, Uruguay 2010).

Ahora pasamos al propósito de este artículo: analizar cuáles son las chances de clasificar de Uruguay al mundial Brasil 2014.

Para elaborar una respuesta, propongo aplicar un razonamiento sobre una serie de afirmaciones que expongo y fundamento a continuación, basado en una mezcla de matemáticas, análisis histórico, y opinión. Están en orden de “racionalidad descendente”: las primeras tienen más de matemática, y las últimas más de opinión de hincha.

1) Los puntos que tenemos y que quedan.

Tenemos 13 puntos, y quedan 5 partidos -15 puntos- por disputar.

Es una observación empírica, no necesita mayor argumentación.

2) Precisamos 24 puntos o más para clasificar.

En las eliminatorias sudamericanas jugadas todos contra todos como se hace desde 1998, el 24 es un número a tener como referencia a la hora de evaluar si una selección puede clasificar.

Con menos de esa cantidad de puntos, no es posible salir quintos.

De hecho, salimos quintos en la Eliminatoria 2010 con 24 puntos, en las restantes no alcanzaba. Recapitulemos:

- En 2006 salimos quintos con 25 puntos contra 24 de Colombia. De haber tenido 24 hubiéramos quedado eliminados por diferencia de goles.

- En 2002 salimos quintos empatando en 27 puntos con Ecuador, y clasificamos al repechaje por diferencia de goles.

- En 1998 quedamos eliminados, el quinto fue Perú con 25 (eliminado pues no había repechaje).

En conclusión, con menos de 24 puntos tenemos que olvidarnos de clasificar.

Un detalle interesante y que aporta al análisis, es pensar qué fundamento tiene esto de los 24 puntos. Este “número bisagra” es el resultado de multiplicar 8 por 3, lo que equivale en esta eliminatoria a ganar todos los partidos de local y perder todos los partidos de visitante. Partido que se pierde de local, se debe compensar ganando de visitante, para al menos mantener el foco en los 24 puntos.

Dicho de otra forma, una selección que gane todos los partidos de local y saque algún puntito de visitante, tiene grandes chances de quedar entre los cinco y lograr al menos pasar al repechaje.

Podríamos agregar al análisis algunas restricciones derivadas del hecho de que hay selecciones a las que es muy difícil ganarles aún como locales, como Argentina en este caso (Brasil no está), pero dejémoslo así. Optamos por despreciar ese factor, para simplificar el análisis. A la selección Argentina, de los rivales directos de Uruguay  le queda solamente jugar con Venezuela, como veremos.

3) De los puntos que quedan tenemos que ganar 11 como mínimo.

Eso es porque necesitamos un mínimo de 24 y tenemos 13, 24-13=11.

4) Todavía dependemos de nosotros mismos.

Tenemos más puntos por disputar (15) que los que precisamos (11) para llegar al número bisagra (24).

De todas formas, pensando en superar el número bisagra, si ganáramos todos los partidos que quedan,  llegaríamos a 28 puntos, y con ellos, si no clasificamos directamente, llegamos seguramente al quinto puesto.

Por eso este análisis prescinde mientras puede de resultados de partidos entre otras selecciones. También supone cuando es necesario suponer, el peor escenario para Uruguay en esos partidos.

5) El quinto es nuestro lugar natural.

El repechaje que se incorporó a partir de las eliminatorias del 2002, parece haber sido inventado para Uruguay. Es el único país sudamericano que lo ha jugado desde que existe, con suerte diversa: ganamos y perdimos con Australia en el 2002 y 2006 respectivamente, le ganamos a Costa Rica en 2010.

De llegar otra vez, nos cruzamos con el representante de la zona Asia, y perfectamente podríamos jugar con Australia nuevamente. También están Omán, Irán, Irak con chances ciertas de quedar en la zona de repechaje, entre otros.

Pensar cuál puede ser nuestro eventual rival para el repechaje a jugarse los días 15 y 19 del próximo noviembre, ayuda a hacerse la idea de que se apunta a eso.

6) Escenarios posibles para lo que resta jugar.

Quedan 5 partidos: con Venezuela, Perú y Ecuador de visitantes, con Colombia y Argentina de locales. 15 puntos en disputa. A continuación vemos los tres escenarios posibles para clasificar, en función de los puntos que se lograrían para estar en ellos.

Escenario 15 puntos.

Ganamos todos los partidos, llegamos a 28 puntos. Una fiesta, clásico rioplatense incluído. Clasificamos muy probablemente en forma directa. Uruguay, Uruguay. Brasil tiembla.

Escenario 13 puntos.

Ganamos cuatro partidos, empatamos uno.

El hincha opina que lo más probable en este escenario sería empatar con Argentina, y ganar los otros cuatro. A Colombia que ya nos ganó 4-0 allá, ahora jugando como locales, y a los otros tres de visitantes, cuando a dos de ellos no les ganamos como locales (Ecuador y Venezuela).

Escenario 12 puntos.

Ganamos cuatro partidos, perdemos uno.

En tren de perder, el hincha opina que lo mejor es que sea con Argentina. Gracias a la selección hemos sabido aceptar que es mejor perder un clásico que no clasificar. Los demás son todos rivales que compiten directamente con nosotros por el preciado quinto puesto, y en particular Venezuela y Perú, nuestros próximos dos partidos. Le ganaríamos a Colombia de locales, y también a Ecuador como visitantes, repitiendo el plato de las eliminatorias de 1970, 1974, 1986, 1994 y 2010. El hincha piensa que la historia pesa.

Escenario 11 puntos.

De los escenarios posibles y que nos permiten clasificar, es el escenario más probable. Aún así es harto difícil. Sin embargo, tiene a favor de que también es harto difícil para los rivales directos Venezuela, Perú y Chile, pues también ellos tendrían que tener desempeños similares para llegar al número bisagra. Y además, lo de siempre: se cruzan entre ellos.

Con Chile ya jugamos los dos partidos. Necesitaríamos ganarle a Venezuela y Perú para despejar la tabla. Ecuador y Colombia serían intercambiables, tendríamos que ganarle a uno y empatar con el otro, por lo menos. Con Argentina empataríamos.

Estos resultados nos colocarían en la bisagra de los 24 puntos, en la que podríamos quedar eliminados si se dan algunos resultados que también muy difícilmente se den, que hiciera que Perú llegara a 26 puntos, para lo cual, en el supuesto de que pierde con Uruguay, necesitaría ganar sus restantes cinco partidos, incluído Argentina, Colombia, Venezuela de visitante. Otra alternativa es que Venezuela también gane sus restantes cuatro partidos (con Bolivia de visitante, con Perú de local, son los más difíciles) luego de perder con Uruguay el 11/6/2013, colocándolo con 27 puntos.

En este caso, sería muy conveniente para Uruguay que Venezuela pierda con Chile el partido en Santiago el 6/9/2013, pues lo colocaría en los 24 puntos con Uruguay, y clasificaríamos por diferencia de goles si la suerte nos acompaña como en el 2002 con Colombia.

En conclusión, no hay que ser Nostradamus para concluír que el escenario está muy difícil para Uruguay, que tiene que ganar tres partidos en los próximos cinco, cuando hace seis que no ganamos, y lograr cosas que nunca logró en esta eliminatoria, como ganar de visitante.

Pero por otro lado, como vimos -y éste pretende ser el sesudo y fecundo aporte de este artículo-, está muy difícil para todos. El que clasifique en quinto lugar si no llega a ser Uruguay, lo hará mediante una hazaña parecida a la que necesitamos nosotros. Y se sabe que en el fútbol, quién sabe hasta cuándo, la historia no es el único factor pero tiene su peso.

Una vez más la irónica frase de que “matemáticamente tenemos chance”, se va instalado lentamente en nuestras mentes.

mux supersticioso


Como hace casi dos años en este espacio, volvemos a anunciar a la banda mux en el Centro Cultural de España (Ciclo Música Bit), el próximo viernes 31 de agosto a las 19 horas. Pueden leer en nuestra publicación de entonces cómo eran, hoy no son tan distintos, un poco tal vez.

La supersticiosa comparacion entre lo que fuimos antes y lo que creemos que vamos a ser hoy

Tapa del disco: La supersticiosa comparación entre lo que fuimos antes y lo que creemos que vamos a ser hoy

Continúan haciendo de la propia búsqueda su identidad, sin concesiones fáciles, a través de sus interpretaciones en vivo como por ejemplo en el Espacio de Arte Contemporáneo, o su último disco “La supersticiosa comparación entre lo que fuimos antes y lo que creemos que vamos a ser hoy“, que compitiera como mejor disco de música electrónica en los Premios Graffiti 2012.

Por otra parte, en los medios digitales, mux continúa profundizando una cuidada estética, donde no faltan los detalles sutiles, en ocasiones escondidos, esquivos, cuya lectura o acceso no son fáciles, como lo fuera el formato físico de su disco anterior “Vacaciones“.

Para quienes no puedan concurrir, les comentamos que se transmitirá en vivo por radiomojana.com.

Lecciones aprendidas


Escrito por Pablo

“Solo me quedan razonables pensamientos”.

Gustavo Cordera

Llega una altura de la vida en uno siente que tiene dos o tres cosas claras. Sus verdades, sus normas o principios. Llegó a ese convencimiento  seguramente en forma empírica, por la experiencia vital. Cuando hablamos de lecciones aprendidas, asociamos a un aprendizaje no solo en base a la experiencia, sino quizás a golpes y dolor. A equivocarse, a perder. Son quizás lecciones no pedidas, de materias que creíamos salvadas y que las aprendimos a base de revolcones y fracturas del alma. De repente en ese aprendizaje no académico se aplica la premisa pre-valeriana de que “la letra con sangre entra”.

Seguramente estas lecciones, no son mágicas ni deslumbrantes. Son importantes sin embargo. Es más, ni siquiera son universales ni válidas para nadie más que para uno mismo. Aunque no por ello, menos importantes. En la medida que esté aprendida, esto es internalizadas, seguro uno se jugará por ellas, porque cree en ellas y las jerarquiza ante los dilemas que la vida propone.

En ocasiones, si las pensamos, si las explicitamos, suenan obvias o de Perogrullo. Sin embargo pienso que la mayoría de nuestro aprendizaje por ensayo y error como todos, a poco que las llevamos a la práctica y las confrontamos con otros valores, otras “verdades” igualmente válidas pero quizás opuestas o contradictorias, nos resulte que es muy difícil ser consistente, y que parezca que la lección no está aprendida o como decíamos en otro artículo tropecemos dos veces con la misma piedra.

En ocasiones, hablamos de lecciones o aprendizaje, desde un lugar de confort, como si fuéramos más sabios luego de nuestro periplo. Sin descartar esa posibilidad como verosímil, quizás se trate de disfrazar o mostrar con el eufemismo “lecciones aprendidas” cuando se trata de “errores garrafales cometidos”. No es menor la diferencia, en esta última situación, debemos empezar por hacernos cargo. Asumir la responsabilidad por los errores y eventuales daños y dolor ocasionado a otros. No es excusa plantear que no lo volveremos a hacer, porqué aprendimos. Quizás ni falta hace, ya es tarde.

Con esta farragosa introducción – las disculpas del caso- comparto mis lecciones aprendidas o ratificadas podría también decirse en algún caso:

La importancia de los valores y códigos.

Últimamente es común ver, como parte del marketing diferencial de algunos colegios privados ofrecer educación en valores. Más allá del oportunismo mercantil que ha hecho que antes se ofreciera inglés o computación con los mismos propósitos, es una señal de falla o deterioro de los patrones de convivencia y conducta de la sociedad.

Otrora, no era necesario educar en valores, ética o códigos de conducta, estaban implícitos en la educación formal, pero básicamente en el hogar. Las palabras y fundamentalmente el ejemplo y modelo de nuestros padres. Es así que sin ser únicas, aprendíamos por osmosis los conceptos de lealtad, coherencia, honestidad y probidad por ejemplo. La palabra tenía una fuerza similar a cualquier contrato firmado.

Hoy, donde la letra de “Cambalache” sigue tan vigente para el siglo XXI como lo fue para el XX, muchas veces dudamos. Ser honesto cuando no es un valor generalizado, ser leal con quien no lo es, cumplir la palabra empeñada aunque podamos pagar las consecuencias. Cambian las referencias, cambian o se licuan los valores, entonces ¿debemos cambiar?, dicho con un concepto darwinista: Mutar para sobrevivir.

La lección que aprendí ante este dilema aparente o real, es que no hay que cambiar. A riesgo de “perder”, de parecer inadecuado o el” pepe grillo” diferente. No renunciar a nuestros caros principios aunque se vean anacrónicos bajo esta luz postmoderna. Uno vive y se relaciona con mucha gente y enfrenta diferentes situaciones, pero al principio y al final debe convivir con uno mismo. La almohada y el espejo son testigos insobornables. Estar en paz con uno mismo no es un tema menor. Tampoco debemos olvidar que seguimos siendo modelos y ejemplo para nuestros hijos, compañeros y afectos. Por ellos ya vale la pena.

El fin no justifica los medios.

En otros tiempos, de guerra fría, de construcción del “socialismo”, del “hombre nuevo”, escuchamos una y mil veces que una buena causa justificaba utilizar cualquier medio. Fundamentalmente hablamos de la vida propia o ajena como costo necesario a asumir. Por suerte ya nadie lo dice, con este alcance al menos.

Ahora dejando atrás la connotación ideológica o política de la consigna original, podemos extender esta creencia a otros tópicos. El fin puede ser por ejemplo ganar más dinero, el ascenso o carrera profesional o no ser castigados. Justamente he confirmado o reaprendido que no debemos valernos de cualquier medio para lograr legítimos o loables fines. Como dice el maestro Tabarez, el camino es la recompensa. Hace tanto a la cosa que es la cosa. El fin es el camino, el cómo es lo importante, el final tendrá un sentido o no en función de ello.

Por el contrario, si conseguimos ese patrimonio por izquierda o el bendito ascenso con malas prácticas, ¿qué queda? Suena obvio quizás y políticamente correcto. Dicho de otro modo, formulado así nadie podría objetar nada. La realidad y nuestra vocecita interior a veces nos enfrentan a situaciones donde nos deslizamos a la “leonera” de los valores-de los medios- para justificar nuestro proceder. En esta lógica escuchamos:

-       Estas son las reglas de juego. O …

-       Todos lo hacen. Podría seguir con otras por el estilo.

Muy vinculadas estas dos lecciones, valores y medios y fines, pienso que no debemos tener una moral a medida o “dadas las circunstancias”. Porqué así vale todo. He aprendido que no vale todo y por el contrario vale la pena perder todo y ser leal al menos a uno mismo.

Los amigos.

 Aquí mismo en otro post (Oda a los amigos) referí sobre la importancia que tienen en mi vida los amigos. Para no reiterar, solo ratificar lo escrito en aquella oportunidad.

El amor es más fuerte.

Infinidad de canciones, películas, novelas rosa o de otro color han hablado de este tema universal. Nada original por cierto este tópico. Sin embargo a riesgo de ser tildado de romántico o ingenuo, sigo creyendo que hay que ir ahí donde el corazón manda. Análogamente no quedarse donde no está a gusto. El corazón- poética simplificación de nuestros sentimientos- sabe más que uno mismo. Es decir, que nuestra racionalidad, el qué dirán, lo conveniente o apropiado que juegan a nivel consciente no juega en el terreno del amor. Para ser consistentes, no digo que vale todo por seguir a nuestros sentimientos. Con respeto y cuidado recorrer ese camino. Sin embargo ante los dilemas que la vida propone, propongo escuchar al corazón. Ese se equivoca menos o como dice Alfredo, “cuando falla el del costado no hay nada que conversar”.  Al menos eso aprendí.

Música Viva


Escrito por Gabriel

Con gran alegría queremos compartir el estreno de Música Viva, un programa de radio que se transmitirá por la radio del Centro Cultural de España.Los sentimientos de los entrevistados con la música se convierten en excusas perfectas para disfrutar de interpretaciones en vivo que valen la pena.

El programa irá en radiomojana.com los viernes las 20.30 horas, y tiene su blog con información sobre el armado programa, vínculos a los podcasts y detalle de la música que se pasa: radiomusicaviva.wordpress.com

Esperamos que les guste.

Música Viva

Viva la música


Escrito por Icaro

“¿Por qué escucho música? Es como preguntarme porqué respiro”

Lector de Rolling Stones.

No me imagino la vida sin música. Una compañía, un complemento y un estímulo. Acorde a cada momento y a cada estado de ánimo. Las artes en general y la música en particular son una muestra superlativa de la inteligencia y sensibilidad humana. Un rasgo diferencial. Es cierto, que hay temas, bandas, asociadas a momentos especiales o únicos de la vida de cada uno. Sin embargo es mucho más, no es coincidencia. Quitando las efímeras modas comerciales de algunos temas o estilos, la música está ahí siempre. En mi vida al menos, no como testigo sino como coprotagonista. La elijo, le descubro nuevas virtudes o viejos defectos,  que siempre perdono, como a una compañera de la vida. Por eso también algunos discos quedan por el camino y otros se transforman en compañía inseparable. Hoy son tan clásicos Pink Floyd como Beethoven. Preciosa alquimia fruto de la calidad y el selectivo paso del tiempo.

Los músicos son magos, que sacan conejos de la chistera. No sé cómo hacen pero les estoy muy agradecido. La música, la buena música-sin entrar en debate sobre a cual me refiero- es un estímulo y un alimento para las neuronas y la sensibilidad. Por eso, si bien sobre gustos no hay nada escrito, ojo con aquél que nos dice, “no me gusta la música”. No es lo mismo que decir “no me gustan las galletitas María” Alguna lesión cerebral-emocional demuestra esa punta de iceberg aparentemente inocuo. La música, los músicos nos trasmiten emociones, es cultura en sentido amplio, nos enriquecen. La letra, los instrumentos, la melodía que escogemos, se nos cuela, muchas veces sin peajes racionales, bien dentro, dándonos bienestar, una droga buena que genera endorfinas en un contacto muy básico pero pleno, no sé si privativo de la condición humana.

Tapa de "Are you experienced" de Jimmy Hendrix

Ahora, tengo la impresión que algo pasa con la música y los músicos. De un tiempo a esta parte da la impresión que hay una meseta de creatividad, cuando no un pozo profundo, luego de unos 60’s y 70’s increíbles en su magia y explosión de talentos,  vino una década perdida: la de los 80. Luego hemos pasado sin pena ni gloria por modas comerciales o no, pero siempre pasajeras. Por ello la industria se afana por la vuelta y   reuniones de viejos grandes músicos aún vigentes por méritos propios pero fundamentalmente por la ausencia de nuevas generaciones. Es así que los Rolling ahí están, vuelve Roger Waters y vende 9 River!, el viejo y querido Paul deleita. Por allá sigue “God” Clapton dibujando notas increíbles, sacando un disco nuevo por año. “The Boss” Bruce con sus años sigue joven y vigente. En el metal las viejas bandas siguen agotando, con los músicos sobrevivientes a todas las adicciones posibles. Que ha pasado? Aquellos históricos son clásicos los seguimos escuchando, permanecen claro, pero no hay espacio para nada más? No hay espacio para un nuevo Mozart, Charlie Parker, Miles Davis, John Lennon o Jimmy Hendrix, que conjugue talento, imagen y genialidad.  ¿Murió el talento? ¿Sólo quedan ejecutantes?

A lo largo de mi vida, asociado al disfrute, venía lo que hoy conocemos como soporte. El objeto que contenía la magia, era tanto o más importante que la música misma. Es así que en los hoy resucitados “long plays” (vinilos) uno canalizaba esa pasión. En muchos casos las tapas eran verdaderas obras de arte, teníamos las letras e información, fotos y demás que complementaban nuestra audición. Era para los melómanos objeto de culto, envidia o colección según el caso. Luego vinieron los mínimos casettes, con la ventaja de regrabado y que uno podía hacer sus primeras selecciones-elecciones personales. Ahí TDK marcó una época, con sus cintas de gran calidad y por tanto fidelidad, metal y cromo por ejemplo. En paralelo, muertas las bandejas y clásicos pasadiscos, aparecen los walkman pioneros y las radios con pasacasettes, ¡ incluso en autos!

Luego de algunas pruebas fallidas como el minidisc, aparece el reinado del CD, práctico, liviano, limpio en su sonido. No necesita púas ni cabezales. Contiene hasta 77’ de música en un solo disco.

Pasan los formatos, cambia la tecnología, pero el concepto es el mismo, hay una obra, una unidad, que representa el disco. Claro que atrás hay una industria millonaria que lucra con ello.

Con el advenimiento de Internet, las nuevas generaciones se acostumbran a no pagar por la música, Napster pionera genera la descarga como mecanismos de universalización y difusión. Controversial, por un lado oportunidad de llegada para tantas bandas que la industria no estimula, por otro, pero…¿quién le paga a los músicos? Como daño colateral, de envergadura, se pierde el concepto de unidad de la obra, ahora no se habla de albumes sino de canciones o temas. No hay arte de tapa ni extras tan queridas. Se bastardíza la música en un punto. Por otro lado, positivo, esas bandas que se conocen en forma gratuita actúan y giran cobrando. Ya se los conoce. Los mejores subsisten, no dependen tanto de la industria y sus intereses a veces mezquinos. No es blanco o negro.

Finalmente un homenaje y recuerdo a una audición que allá por los 70 y 80 acompañó nuestros estudios. En CX 26, Sodre, Meridiano Juvenil, con porfiada y didáctica persistencia, todos los días de 13 a 15, sin avisos, escuchábamos música única en el dial. Música no comercial por extensión y concepto. Desde el rock duro, hasta el llamado entonces progresivo o sinfónico, las dos horas pasaban volando. Desde los conocidos Led Zepellin o Pink Floyd hasta grupos increíbles pero desconocidos por estos lares como los italianos Premiata Forneria Marconi. Janis, Hendrix, Cream, Yes, Genesis, Emerson entre tantos, eran nuestros invitados en cada sobremesa. Aporte invalorable, en tiempos que un Long Play era un gema de difícil hallazgo e improbable adquisición. En tiempos no globalizados, donde la revista argentina Pelo era nuestra Biblia, esta radio AM de baja calidad de sonido fue un puntal de difusión de música de calidad. A los anónimos responsables, mi eterno agradecimiento.

Cómo podemos arreglar


Escrito por Icaro

Creo que no puede haber dos opiniones: el tránsito montevideano, va de mal en peor. Bah al menos yo creo que no hay dos opiniones, quizás la magnitud del tema no sea tan grave como lo veo. Pienso que cada vez manejamos peor, cada vez más autos en las mismas calles, ante la indolente pasividad e indiferencia de las autoridades comunales. Lo que es peor, las iniciativas son inocuas cuando no contraproducentes.

Dos, son las principales medidas al respecto de parte de la Comuna. Poner un semáforo, a veces ante la iniciativa “científica” de los vecinos en el presupuesto participativo o unilateralmente. Bajo la creencia que el semáforo es mejor, que ordena. No siempre, señores. A veces solo enlentece. Por ejemplo en las horas pico, en la rambla. Otro ejemplo, su colocación en esquinas de avenidas con escaso tránsito transversal. No ayuda sino entorpece. Pedir semáforos inteligentes, en esta comuna es quizás un chiste malo, pero ¿no se podrá regular la frecuencia e incluso apagar semáforos en función de los flujos? Parece que no. El semáforo además es caro.

La segunda idea genial es subir las multas, más y más. Supuesto aquí, cuanto más cara la multa mejor manejo, dicho de otro modo, manejo horrible poniendo mi vida y del prójimo en juego porque me sale dos vintenes. Sin perjuicio de la necesidad de la multa y el costo del incumplimiento el sistema no se arregla por acá. Con variantes mínimas lo mismo respecto al alcohol.

Basta subirse a un auto, para comprobar el desquicio en que se han transformado las calles montevideanas. Uno de cada tres conductores maneja hablando por celular. Nos damos cuenta inmediatamente, no hace falta verlos. A veces los polarizados lo impiden. Manejo errático, ir a 20 en tercera fila, son algunos de los indicadores de esta práctica tan peligrosa como extendida. Está comprobado que el conductor que habla-manejando se distrae del tránsito, siendo el riesgo de accidente superior. Si a ello le agregamos la generalización de la práctica, el riesgo crece en forma exponencial. ¿No hay nada para hacer? El increible argumento de los conductores-muy uruguayo- es que “todos” hablan.

La pléyade de motos le ha dado adrenalina a la experiencia del manejo, es así que sin aviso vemos pasar a centímetros- como balas- intrépidos kamikazes. Por derecha e izquierda, haciendo fintas, primeriando a la uruguaya,  nos sacan la modorra, alguna puteada o el espejo según la ocasión. Sub-producto demencial, los delivery, a contramano, sin luces, no hay palabras ya.

Vinculado a los semáforos, ya no respetamos la luz roja. La amarilla equivale a verde. Lo hemos aceptado. Nos acostumbramos. Ni que hablar de los peores conductores del Uruguay, los profesionales. En ellos los taximetristas descollan. Son ellos los vivos, los garroneros, los patoteros, jodedores profesionales. Está claro que para esta tribu, el respeto de las señales es para los giles, por ello las infringen todas según su conveniencia. ¿Son intocables?

Los carritos de hurgadores son otro rasgo vernáculo. Muestran a mi juicio el paradigma de izquierda voluntarista y vergonzante. Parece que esta gente tiene más derechos por su condición de pobres. Pueden hacer mini basurales en las inmediaciones de los contenedores y también distorsionar completamente el tránsito. Por calles y avenidas, de día y de noche, con niños y adultos, con caballos o sin, transforman a nuestra capital en la Nueva Delhi del Plata, sin vacas por ahora. Lo peor es que estamos acostumbrados y resignados.

Los manotazos de ahogado han llevado a la iniciativa de las vías “solo bus”, una buena idea que funciona en otras ciudades del orbe, sin embargo aquí solo es una vía “solo vivos”, taxis, “colonienses”, motos, listillos varios y algún bus utilizan la dichosa vía. Los buses por lo tanto siguen lentos.

¿Como podemos arreglar esto?  La simple enumeración de las principales transgresiones y distorsiones del tránsito ponen de manifiesto nuestra realidad urbana. Realmente se ha transformado en una lacra cultural o social de nuestro pueblo. No es un valor arraigado manejar bien. No hay sanción moral o pública para los malos conductores. No hay escarnio del resto, ni repudio. Tenemos claro que no existe la autorregulación, o portarse bien porqué Dios nos está mirando. Alguien debiera regular y velar en serio por el tránsito montevideano.

¿Quién tiene esta responsabilidad? La intendencia es la responsable. Mal comienzo. Está casi condenado el tema desde el pique. Sus funcionarios no trabajan mucho y reclaman todo. Sus directores políticos no se caracterizan por su talento. Está claro que la fiscalización, no ya solo el valor de la multa sino las consecuencias del incumplimiento de las normas, son la clave para el respeto de las luces, señales y reglas de manejo. Sin embargo los chanchos brillan por su ausencia. ¿Dónde están? Los vemos en las emboscadas cuatrimestrales de las patentes y ¿el resto del año dónde están? El 24 de agosto de noche me consta que salen. ¿donde están cuando se cruza con roja una vez sí y otra también? ¿cuándo los vendedores ponen su camioneta con baliza en cualquier sitio? ¿cuando las motos hacen locuras? ¿quién ordena? ¿quién educa?, quién fiscaliza? ¿quién?

Tenemos una tasa de siniestralidad y muertes altísima, en especial en los jóvenes. Esas pérdidas irrecuperables son costosísimas de todo punto de vista. Periódicamente vemos en los medios, campañas de “sensibilización” que a la luz de sus frutos son loables pero inútiles.

La solución que no es simple a esta altura, pasa por una presencia activa, reguladora, punitiva y educadora. Cuando los chanchos salen de sus guaridas, entonces es un festín.  Salen en el noticiero.En el cardumen de infractores detienen a quien quieren. Son tan extendidas y flagrantes las faltas que difícilmente se pueda intentar defensa seria alguna. Sin embargo funcional a esta cultura de la transgresión es la frase matadora “¿cómo podemos arreglar?” Lo peor es que esta pregunta no apunta al tema que ha recorrido este artículo. Como solucionar el caos y drama del tránsito montevideano sino cuánto cuesta evitar la multa.

La respuesta, una vez más funcional al desquicio y corrupción imperante en este tema, es simple:

-1000 pesos.

Así estamos.

Cuando juega Uruguay


Escrito por Icaro

Nos quedamos justamente amargados por el empate en los descuentos de los paraguayos. Así es el fútbol, el partido casi ganado, se pudo liquidar antes aunque fue parejo. Queda por ahí la tapada increíble de Muslera que era el empate claro.Sin embargo, por primera vez Uruguay jugadas dos fechas es puntero solo de la eliminatoria. Por primera vez no perdimos en Asunción. Este cuadro, el mejor del continente y cuarto en el mundo nos acostumbró rápido al primer nivel.

Con la frase, “el camino es la recompensa”, el maestro resume un paradigma, que nos ganó a todos. No solo los resultados son consistentes y acompañan, sino es reconfortante el modo, la manera. Ya no sufrimos cuando juega Uruguay. Nos sentamos a disfrutar. El fútbol pasión e historia de siempre, en estos últimos años incluye, une. En forma transversal generaciones y géneros. Los niños y mujeres son los más entusiastas de la selección. Los hombres futboleros tenemos una impronta clubista muy fuerte.

Mucho se ha dicho y es así, el cuerpo técnico impone un patrón de juego, pero antes convoca a una forma de encarar el fútbol profesional. Que no es un juego ni un deporte solamente a este nivel. En Uruguay es un sentimiento y una señal de identificación y comunión nacional y mundial.- Por ello tan importante.

El equipo tiene grandes estrellas, pero el maestro convoca personalidades que comulguen con una visión, de profesionalismo e involucramiento colectivo. Responsabilidad, respeto y valores. Así hay jugadores discretos pero claros referentes profesionales y muy buenos jugadores no citados.

Cuando juega Uruguay, transmite Tenfield. La corporación mafiosa que maneja el deporte profesional en Uruguay. Un gran logro festejado y celebrado, fue conseguir un contrato que nos diera algún millón más y eliminar una cláusula de preferencia. Es cierto un avance, un logro en términos relativos. En el camino quedaron destratos al ministro de deporte y al presidente de la AUF. También fue funcional un reportaje del Toto al gran jefe. Acá también el camino es importante. Con todo el peso del estado, con un staff de abogados contratados a los efectos y con algunos dirigentes como Palma que dignifican al fútbol, se consiguió pasar de un contrato leonino a un contrato más digno. Solo eso. Lo que es mínimo en cualquier contrato, se festejó como un éxito y con un esfuerzo enorme. Sigue Tenfield.

La selección de Tabarez es un orgullo nacional, ojala al fútbol en su conjunto se lo pudiera manejar igual, en forma profesional, en forma transparente con valores y ética. Falta mucho aún.

Buenos Aires


Escrito por El Negro

Quizá por la cercanía, quizá porque era un viaje que se podía hacer económicamente hablando, desde chico mis padres me llevaban seguido a Buenos Aires y ahí empecé a conocer los clásicos que casi todo turista ha visto alguna vez en la vecina orilla: La peatonal Florida, Lavalle, el obelisco, la Boca, San Telmo, y podría seguir.

Una o dos veces al año, íbamos para Buenos Aires. Pasaron los años y aquél paseo con los padres se tornó en una ida con los amigos, de ir a ver bandas en vivo. Tuve la suerte de ver a los Rolling Stones, Dream Theater, Metallica, Kiss, Roger Waters, ACDC, entre otras, con distintos amigos, con mi viejo, experiencias increíbles que quedan grabadas en la memoria. Lamentablemente, Montevideo no es una plaza interesante para estas bandas por lo que no queda otra que cruzar a verlos.

Plaza San Martín - Buenos Aires, Argentina

Buenos Aires, es el destino inmediato como para un despeje de fin de semana, como para ir a comprar ropa barata, como para ir a un espectáculo de teatro. Destino favorito de la región de mi vieja, quien al recibirme el año pasado me regaló un fin de semana que recuerdo gratamente donde conocimos personalmente a Adrian Iaies.

Siempre se vuelve a Buenos Aires, pues tiene una mística que llama, que atrae. Tiene esa locura que los montevideanos no tenemos y que a veces necesitamos. Sin embargo todos coincidimos en que no la queremos para todos los días a esa locura que tienen las grandes ciudades.

Cruzar a Buenos Aires me trae sentimientos encontrados, siempre tuve admiración por el fanatismo que tienen los porteños por su país, cosa que nunca vamos a tener los uruguayos. Y ojo, nunca me compraría una camiseta Argentina ni mucho menos, pero me gustaría ver algún día empapelada nuestra ciudad con emblemas patrios, sin que para ello sea necesaria una gesta deportiva.

Cada vez que voy valoro más a nuestra gente, pues aunque no lo creamos y nos quejemos muchas veces, el porteño no tiene la calidez ni la cordialidad del montevideano. Finalmente, cuando me bajo en Tres Cruces terminado el viaje, respiro y pienso:  lo lindo que es ser montevideano, y que no lo cambio por nada a este país. Pero me alegro, de poder estar a pocas horas de una ciudad como Buenos Aires.

La Vespa

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